Futuro
La mañana siguiente a que la IA haya perdido interés, la nostalgia sigue vigente, más como una luz que titila, perdiendo fuerza, esperando que cambien la pila, que como un horizonte estético que permite canalizar frustraciones, posibilidades, potencias, poderes y sueños adolescentes pseudoutópicos y con un alcance de dos cuadras.
La Tierra no ha sido devastada, no ha habido levantamientos sociales, ni estallidos, ni revueltas, a lo sumo un par de tiroteos entre narcos en diferentes puntos del globo. Algunos genocidios continúan, pestes y guerras, desastres climáticos como síntomas que siguen invitando al colapso lento y tranquilo de quinees ignoran deliberadamente la llamada.
El sueño de la hiperconectividad se realizó y se normalizó, Facebook ahora es un recuerdo de un momento de hiper stalkeo, en el que muchos se morían por ver qué tan mal le fue a los compañeros bullies del colegio o quienes se habían divorciado.
El consumo se instaló, tanto que ya no se le da mucho valor. Nada llena, nada alcanza, todos lo tienen, se democratizó la desidia, la democracia, tanto que se diluyó entre tanto aburrimiento y pesadumbre.
El esfuerzo parece no tener sentido, porque el enjundio de gestión, burocracia y discusiones al pedo es tan grande que es mejor quedarse en casa mirando el techo.
No más divertirse hasta morir, tampoco leer y tomar alguna pastilla que motive la noche. No tiene sentido. Mejor estar en vigilia cada día desidioso en el que se persigue la nada, con esperanza mediocre de quien espera una simple medalla.
El futuro llegó y se parece al presente que dejamos atrás en 2001.
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